El mito de la razón ante la filosofía de la imaginación


Por Sergio Fuster
  
    La concepción mitológica del mundo, la génesis de lo divino a lo humano, es una construcción del pensamiento que difícilmente pueda alguna vez superarse; aunque se piense lo contrario. El avance del pensamiento cartesiano, el cientificismo teológico  y la visión pragmática, consumista y practica de la vida moderna/posmoderna no ha podido superar a una parte cada vez mas creciente de la sociedad mundial que pugna por escapar a los orígenes del pensamiento humano prefilosófico, retornando al mito, al “instante” de la creación como punto de encuentro con el milagro. Esto es entendido como un nuevo paradigma espiritual, ecléctico y ricamente amplio y diverso como contracultura, aunando datos aportados por las ciencias (psicoanálisis, física, antropología, etc.) con las tradiciones sagradas ancestrales (Chamanismo, Vedanta, Yoga, Cábala, etc.). Es una especie de  resurgimiento de una visión, podríamos decir, si se me permite el término, “neo-renacentista”; aunque esto indudablemente tiene un costo: la pérdida de la capacidad critica en el hombre y junto con ella el peligro de no lograr nunca el encuentro unitivo como la libertad espiritual que tanto ansía. Aunque habrá que esperar mucho tiempo  todavía para ver como avanza.
   Sabemos que los seis días creativos, el huevo primordial o las edades metálicas del cosmos habían sido superadas tempranamente en la Grecia clásica con el paso del pensamiento mítico al pensamiento racional allá por el siglo V a. C. en la época de los presocráticos. Superadas y distanciadas. En el renacimiento, ciencia y magia transparentaron sus límites, pero otra vez en la modernidad mito y razón obtuvieron así su divorcio; aunque al parecer no definitivo. Tampoco logró el reencuentro el pensamiento cristiano escolástico, ya que al mito se lo consideró pagano y se lo distancio de la formula de fe y razón, el misterio y  lo explicable.
   No fue así en el pensamiento Indio, el Vedanta, el Samkya, el budismo y el jainismo, solo para citar algunos casos. El desarrollo “filosófico” del Este nunca se diferenció sustancialmente de la mitología, es más, el mito como imaginación fue un recurso indispensable para la construcción de su teoría, llegando casi a las mismas conclusiones que llego Parménides, Heráclito, Platón y Aristóteles, acerca del “Ser” permanente y el fuego como cambio, sustancia y atributo y tardíamente “voluntad y “representación” (Schopenhauer), “arte” (Nietzsche)  y “Dasein” (Heidegger).
   Es por ello, que en el presente trabajo recorreremos sucintamente las tradiciones filosófico-teológicas de Oriente y Occidente, comparando sus similitudes y diferencias e invitaremos a la reflexión de que ni el uno ni el otro ha logrado un mundo mejor, a pesar de lo rico y profundo de su pensamiento. Además propondremos que los movimientos contraculturales son un intento  vano de escapar de lo fragmentario de la existencia y regresar a la unidad, forjando un paradigma científico-mitológico, aunque en ambos casos será un maquillaje, para evitar descubrir lo que hay detrás de la mascara, lo que el hombre se niega a ver por temor, su posibilidad de libertad, que bien entendida, puede ocasionar el sentido de la vida que siempre busco y buscará, y aunque lo intuye se resiste y no lo quiere develar.

GRECIA CLÁSICA E INDIA VÉDICA

   Los pueblos del mundo antiguo no estaban tan aislados unos de otros como se quiere hacer creer en la retrovisión contemporánea. No me parece casualidad que en el siglo V a. C. aparecieran en la escena revoluciones del pensamiento, es decir la necesidad de romper con una explicación puramente mágica y animista del mundo en pro de proponer algo más discutible. Para ese tiempo predicaron los profetas del Antiguo Testamento en el Levante superando a la monolatría e imponiendo el monoteísmo radical, en Grecia, Tales de Mileto, rompiendo el mito con la razón, en India, Buda con una psicología más profunda que la conocida por el yoga hasta ese momento, Mahavira, Yasnavalkya con una explicación física aplicada a la ética, Anila, etc. en Irán Zarathustra (sus fechas son discutibles), y en China Confucio y Lao Tsé como mejoradores de la conducta social e interna.
   Estos pensadores, algunos utilizando la mitología como recurso dialéctico, otros queriendo superarla, pero en definitiva todos ellos, si se los analiza más en profundidad, intentaron dar una cosmovisión más espiritual por un lado y más lógica por el otro de la realidad que los rodeaba y de responder con esos recursos a las preguntas de la existencia misma.
   Es por ello que encontramos en la idea de Parménides del Ente (o lo que puede ser pensado) como lo permanente y de Heráclito, que habló del fuego como el cambio, una síntesis interesante de la construcción filosófica de Oriente y Occidente. Por un lado todo es permanente o estable y por el otro todo es cambio y devenir. Esto que discutió toda la tradición filosófica occidental, no es nada mas ni nada menos que el debate del Vedanta sobre la relación de Brahmán/Atman como lo absoluto y de Maya como lo cambiante o relativo o el budismo hinayana con la trascendencia de los dharmas sin ego pero trascendentes en  la ausencia del “principio de razón suficiente”.
   Sin embargo, durante la Edad Media, el Este y el Oeste mantuvieron cierta distancia cultural, que fue salvada con el colonialismo europeo de la era moderna cuando posibilito, como consecuencia colateral el encuentro masivo de las polaridades concluyendo (todavía en curso) una síntesis anárquica de la filosofía y la ciencia occidental con las tradiciones espirituales, medicas y psicológicas del Este, dando como fruto la contracultura dominante en las últimas décadas del siglo pasado. Como resultado este reciclado pensamiento “cualquiercosista”, esta rompiendo poco a poco con las restricciones de los límites de las ciencias modernas y usando sus recursos para dar una visión más integrada del mundo aunando medicina, psicología, filosofía, física teórica, astronomía, entre otras, con los principios de la magia renacentista, además de psicotécnicas como el yoga y la meditación y otras filosofías orientales donde el mito y la razón se engarzan, donde creencia y experimentación tratan de convivir entretejiendo una nueva forma de comprender el mundo, menos crítica o dubitativa, más interior, mas unitiva.

PENSAR EL NUEVO PARADIGMA

   Creo que el problema no es la presunta realidad del mito o su falsedad como recurso imaginativo, ni cuan racional puede ser una problemática en un magistral abordaje filosófico, el problema no es lo que es verdadero o lo que es falso. El problema, intuyo, es preguntarse qué ha logrado esto para el bien personal y como consecuencia para el bien común. La elección de este paradigma contracultural en el posmodernismo no vino para responder a las preguntas existenciales humanas, y por tanto para dar sentido, sino que el hombre lo adopto precisamente porque ese mismo pensamiento no pudo dar las respuestas satisfactorias que necesita, pero inútilmente cree que al “ser reciclado” encontrará el plus que busca; ahora el interrogante que se levanta es: ese plus ¿puede que contenga las aguas del sentido de la vida? ¿Es posible que conozca la solución a los problemas humanos? Creo que la respuesta es obvia.
   Cuando uno analiza lo que ocurre en lo colectivo, sean pequeños  o grandes  grupos, se ve que la gente en su mayoría busca algo, pero no sabe qué. Tan solo con ver a los evangelizadores de la TV, se observan a multitudes que acuden a ellos, todos oran en cadena por el bien de todos y todos dicen amar a todos. Si no es esto, vemos los centros de meditación trascendental que aumentan día a día en las grandes y pequeñas ciudades. La atracción por el yoga, el Zen, la Cábala, la psicología transpersonal, las mancias, la literatura de autoayuda, la medicina alternativa, el fenómeno de los gurús, que llaman ridículamente a la vida “arte”, los prestidigitadores, los técnicos de la respiración, etc. etc. muestra justamente que el hombre aún no halló el sentido vital que tanto anhela y que el hombre globalizado contemporáneo esta en una crisis real.
   Jesús, Buda, Confucio, Krishnamurti, y decenas de avatares e iluminados  o pseudoiluminados, conocidos o desconocidos han tratado de predicar y enseñara como construir un mundo mejor, como llevar a cabo una revolución psicológica, sin embargo nada parece ser suficiente. Tan solo en este último siglo que pasó, las guerras, las revoluciones, el genocidio, las dictaduras, la ambición, la destrucción del globo, muestran a las claras que como humanidad hay algo que todavía no terminamos de entender ¿Qué esta fallando? Esta pregunta nos guste o no es ineludible y tarde o temprano nos tendremos que enfrentar a ella; especialmente estos predicadores transpersonales, que adormecen al hombre con palabras dulces y discursos prestados de que la consciencia esta evolucionado, que habrá un “salto cuántico”, que todos despertaran, cuando la realidad nos abofetea de frente.

ECCE HOMO
   En el evangelio, durante la pasión, cuando Pilato presenta ante la muchedumbre al prisionero Jesús, y les dice ¡Este es el hombre! (Juan 19: 5), lit. “antropós”. Es curioso que no dice ¡Aquí esta el prisionero!, o ¡Este es su Dios!, o algo parecido, no. Lo que Pilatos posiblemente quiera expresar, es que esta ente ellos un arquetipo de hombre completo, grande, un ser afirmado en su propia humanidad, terminado en sí mismo. Un Ser que llego a la completud como humano. En esta misma corriente, Buda fue un hombre común y corriente, pero lo que lo diferenciaba del resto del sus congéneres era que llegó a ser “humano”.
   De este modo, se puede comparar a la iluminación con la estatura de la humanidad plena. Es decir, ser un iluminado no es ser un ente extraordinario o un “avatar” (hombre-Dios), sino ser lo que uno es en su naturaleza original, un hombre. Los que forjaron el mito del “demiurgo” mitad humano y mitad divino, es solo una metáfora para mostrar que el hombre común no esta completo, es decir, que no llegó al despliegue total de su humanidad, es todavía un hombre proyecto.
   Cuando uno cree que es lo que no es, es un hombre por completar, cuando uno es lo que es, y lo sabe, deviene en “ser humano”. Este razonamiento abre la posibilidad a ver la iluminación como algo asequible a todos. Es decir, si no hubo más iluminados en la historia es por que no se ha querido serlo. Es cierto que una experiencia mística acelera el proceso, pero es solo un status vivencial distinto y no axiológico.
   Esto también expone en clave una posible salvación personalista del hombre. El hombre realmente libre, que se hace cargo de sí, que en vez de seguir a otros, se sigue así mismo, se gobierna así mismo, ese es “el hombre”, hombre al que todos somos capaces de aspirar y realizar, ya sea por voluntad o por gracia. No necesitamos de metáforas como la de Nietzsche o Teilhard de Chardin que hablaron del “superhombre” o del “ultrahombre”, sino que esta posibilidad es asequible a cualquiera que  tome consciencia  de su humanidad, la desarrolle y la ejerza.
   El llegar a constituirse en un hombre autogobernado, por una experiencia de lo unitivo, es ser igual así- mismo e igual al resto de los otros que compone su sociedad. Esta condición de igualdad unitiva da como resultado la innecesariedad de querer dominar al otro, de subyugar al otro, ya que estará en uno todo lo que uno quiere para sí. Por tanto el no ejercicio del poder coercitivo devendrá en la libertad plena del todo. Solo hombres libres y realizados podrán forjar sociedades libres y realizadas y sociedades libres y realizadas no necesitan constituir ninguna sociedad.
   Por ello la clave para desarrollar una sociedad mejor, consiste en forjar a un hombre también mejor, terminado, que se haga responsable de si y de los sentimientos de los que lo rodean, y esto solo es posible en el ejercicio voluntario de un desarrollo espiritual  primero y en una espiritualidad perenne después, donde las formas sean superadas en pro de una esencialidad, donde ese encuentro sea en el todo y el ser se reconozca así  mismo como lo que es un “ser humano”.