Nihilismo, fin de la historia y la "resurrección de Dios"


Columna de opiñón por Sergio Fuster

    A pesar de la vorágine consumista y de los cambios tecnológicos y científicos, que se suceden con prisa y sin dilación, cada uno de ellos pareciera ser un giro sobre sí mismos. Una especie, si se me permite el término, de “eterno retorno de los mismo”, como diría Nietzsche si viviera, y como “voluntad de voluntad” tal como lo entendió Heidegger haciendo clara referencia al nihilismo contemporáneo. Sin duda, a pesar de la circularidad de la técnica y de la ciencia aplicada, una era perece estar dando lugar a otra, que  el inconsciente colectivo intuye y lo manifiesta en el pensar y en el sentir profundo del imaginario popular.
    Esta nueva era parece estar sugerida en el pensamiento y en la historia de Occidente desde la modernidad. Sin duda hubo constructores anteriores, que funcionaron como precursores de la noción de la historia con un origen y  con un final. El Antiguo Testamento impone esta idea de creación, redención y liberación. El cristianismo aporta lo suyo con sus apocalipsis y sus vaticinios del fin del mundo y el advenimiento de un milenio con Cristo-Rey como algo que esta a la vuelta de la esquina. Sino pensemos en Joaquín de Fiore con su Edad del Espíritu, en Colón con su evangelización a tierras lejanas para anunciar este final,  y la lista puede seguir indefinidamente.
   
    Ahora bien, la lenta pero inevitable caída del cristianismo en todas sus formas, las profecías incumplidas, el fracaso de los protestantes y grupos posprotestantes fundamentalistas, etc. etc., pareciera, así y todo que el imaginario humano desde la mágico no abandona esta idea de finalidad. Desde otro punto de vista, la mirada a Oriente en Schopenhauer y Nietzsche y el espíritu absoluto de Hegel intuyen un cambio de era desde una mirada racionalista. En Heidegger la historia de la metafísica encontró una interpretación última en la  materialización de la técnica y con ella, la filosofía occidental perece llega a su fin. Luego de la filosofía del Ser, se intuye en el pensamiento que siguió a la era atómica fue una posfilosofía. Auschwitz fue algo así como un paradigma sintético, la realización simbólica del racionalismo llevado a su terrible extremo, a su zona más oscura.
    Con la posguerra, vino una nueva mitología o un reciclado de lo mismo bajos nuevos ropajes como ser el temor a la amenaza extraterrestre como imaginario popular; sin embargo, la amenaza de una guerra atómica era y es una posibilidad real. En los últimos tiempos el conflicto con Irán y Corea de Norte nos retrotraen a Cuba en la década del 60. Esto, entre otros factores complejos, dio lugar a lo llamado posmoderno y junto con ello a la muerte sustancial de la filosofía –al menos tal como la conocíamos antes-, cuyos representantes como J. P. Sartre, con su nada atea, Foucault con teoría del poder y de la "muerte del hombre", con su genealogía e inversión de valores, Lacan con la ficción del yo y Derrida con la deconstrucción, mostraron lo último del filosofar occidental. ¿Acaso hay algo más? Bueno tal vez tendríamos que profundizar en la caida financiera de la eurozona, pero no es el caso.
   
  Curiosamente la idea noventista con la frase acuñada por Fukuyama plantea lo que todos intuyen y finalmente temen: “el fin de la historia”. Mientras las grandes religiones hablan del próximo fin del mundo, la New ege vaticinó el fin de la era maya para el 2012 o en el futuro posiblemente estén hablando del 2060 predicho por Newton y las profecías de San Malaquías o de Nostradamus con su Papa negro. Y esto en el marco de la renuncia de Ratzinger -que no pudo negar su relación con el nazismo-, que no deja de presentar especulaciones contradictorias.
   
   En esta época de la decadencia de Europa y los Estados Unidos como símbolo del fin de la era del capital neoliberal es patente la emergencia de todo tipo de especulaciones. Pero junto con ello, ha caído el pensamiento filosófico; esto es por demás  perceptible. La filosofía es devaluada, olvidada, llevada a los cafés bajo el ropaje de autoayuda. La felicidad y el sentido de la existencia,  son temas de moda para palear esta decadencia que hace aguas por todos lados en esta Gran Babel. Algo está muriendo, es cierto, pero también es igualmente cierto que algo está naciendo, aunque no se vislumbre con claridad lo que es.

  El fin de una época, en el inconsciente colectivo ya está ocurriendo, así como el nacimiento de un nuevo mundo. Entre un estadio y otro se ve la condición de la muerte del nihilismo, del pensamiento familiar, la destrucción de la literatura, al menos como la conocíamos antes, del autor, con los nuevos medios de comunicación virtual y escritos exprés, la decadencia social reflejada en las redes sociales, la pobreza de pensamiento y de contenido.
  
   Al margen de lo superficial, de lo neoliberal y del fósil marxismo como pieza de museo, distanciado institucionalmente de las universidades públicas y privadas, parece estar surgiendo un nuevo modo de pensar, o mejor dicho una reivindicación de un tipo de pensar ancestral. En el continente, en el marco de los neosocialismos emergentes en el siglo XXI, el interés por lo esotérico y la visión temporal chamánica, el retorno a la naturaleza, la reivindicación de un Cristo socialista, los estudios serios y no tanto de la religión, que hasta hace una década circulaban solo por grupos reducidos y hoy por hoy, parecieran acompañar indisolublemente a esta nueva etapa de América Latina. Centros culturales,  psicoanalíticos, científicos, espacios interdisciplinarios, etc., permiten estas propuestas en sus espacios como un modo de pensar integrador. Por otra parte, la filosofía, la poesía, la psicología, la psiquiatría y el “realismo mágico” literario parecieran estar dándole el rostro a estas nuevas opciones de lo arcaico bajo un nuevo ropaje. Esto sin duda es una resurrección de Dios, desde lo popular, desde lo académico, desde la literatura,  y desde todo tipo de disciplinas; hay un reverdecer de lo sagrado como nuevo modo de pensar el mundo, que se vislumbra colectivamente como una luz de esperanza para un nuevo pensamiento emergente de lo ancestral que promete dar una  estructura esperanzada al pensar del porvenir.