El mito del héroe y la pasión de Cristo



El trasfondo esotérico del misterio pascual

 
Por Sergio Fuster


Teólogo y filósofo

 

 

El 14 de Nisán del calendario lunar judío, Jesús celebra la Pascua con sus discípulos, lo que corresponde al jueves santo en el calendario solar cristiano; pero dicha adaptación fue más tardía. Esta fiesta móvil es la clave de toda la agenda medieval cuarenta días después del carnaval y lo que rige a las fechas actuales.
Ahora bien, en sus raíces neotestamentarias, en el relato de los evangélicos sinópticos, esta festividad cuyos episodios están registrados en Mateo 26: 17 35, Marcos 14: 12-25 y Lucas 22: 14-23 es el enlace preliminar para el proceso que vivió Jesús de tortura, muerte en la cruz (árbol, madero) y renacimiento que sucederán los días 14, 15 y 16 de Nisán subsiguientemente (Mt 26: 36 -28: 20; Mc 14: 26-16: 20; Lc 22:39- 24: 43).
 Si bien, la disposición de la “pasión” ha sido fuertemente historiada por los hagiógrafos y luego, bajo el dogma del kerigma, por parte de la tradición cristiana ortodoxa, es innegable que guarda estructuralmente el paradigma de los simbolismos mitológicos de carácter universal. En el siguiente trabajo vamos a recorrer los principales mitologemas antiguos de muerte y resurrección –iniciáticos- de varias divinidades y saltarán a la vista las similitudes con el relato crístico.
 
 MITOLOGIAS EN TORNO AL EQUINOCCIO DE PRIMAVERA
Los antiguos egipcios recordaban los misterios de Osiris del 26 de noviembre hasta el 25 de diciembre según nuestro calendario y Pereh según el calendario egipcio. El 24 a la noche Osiris, el sol, muere en el horizonte y el 25 renace en forma de Horus (Heru). En el hemisferio norte el sol, que durante el año se inclina al sur, parecía detenerse durante tres días (del 21 al 23 del décimo mes –diciembre o mechir-) en la vecindad de la constelación de la Cruz, para ascender un grado a partir del día 25; en otras palabras era crucificado. Muchas divinidades, según la tradición nacen el 25 de diciembre, como Mitra, Adonis, Dioniso, Tammuz ( tau cruz), etc.
 
No obstante su “verdadera resurrección” recién es celebrada alrededor de tres meses después, al pasar el mortuorio invierno, en el equinoccio de primavera, ya que a partir de allí se reverdecen las cosechas. Mientras que la inmolación-nacimiento del Dios ocurre bajo el calendario solar en diciembre (bajo el signo de Capricornio Cabra-pez), la resurrección transcurre según el anuario lunar en marzo-abril (bajo el signo de Aries o el renacimiento del héroe cuya cabeza cornada se asoma del útero amniótico de Piscis). Es interesante notar que de Aries a Capricornio transcurren diez meses, un número cabalístico que interpreta la manifestación de Dios en diez virtudes sefiróticas.
 
El equinoccio de primavera fue desde antiguo motivo de distintas celebraciones, por lo tanto es un tiempo de “pasaje” al marcar la transición de una estación a otra, además de propicio y mágico para la comunicación de los espíritus con el mundo físico. Los babilonios festejaban el año nuevo de Akkitu, donde los dioses fijaban el destino de los hombres. Los árabes preislámicos sacrificaban un primogénito de la manada para que mágicamente se protegiera al resto del ganado. Parece causal que el relato del éxodo israelita donde su Dios los libera de la esclavitud en Egipto ocurriera durante esta fecha. En Éxodo 12-15 figura el rito de pasaj (Pascua, lit. “saltar”, “pasar por alto”), aquí el ángel destructor “salto” las casas cuyas jambas estaban pintadas con la sangre de un cordero sacrificial. Relato seguido se presenta la salida de Egipto, y el episodio de la salvación por Yahvé en el Mar Rojo. Pasar por aguas, símbolo bautismal, connota una resurrección, un nuevo comienzo a una vida emancipada; como anteriormente se intuyó en el relato del diluvio. Jesús no hizo más que recordar este suceso salvador y principalmente resignificar el antiguo rito pascual en uno nuevo para los cristianos. Por tanto, la liturgia de Pascua tiene una relación con los ciclos biocósmicos y con las mitologías de muerte y resurrección de diversas divinidades.
 
 
EL CICLO TERNARIO
 
 
La pasión de Cristo ocurre en un período de tres jornadas. El número tres es una cifra cabalística de unidad y manifestación, es el triángulo místico, base de los yantras indios en Oriente, es lo masculino. Mientras que el cuatro, el cuadrado, es femenino; ambos conforman la cifra siete o la totalidad de lo sagrado. Siete días de creación en el Génesis, siete brazos de Menorah, siete puntos centrales en el tabernáculo mosaico, seis puntas y un centro en la “estrella de David”.
 
Jonás estuvo en el vientre del “gran pez” tres días y se comparó a una experiencia cercana a la muerte (ECM) donde luego de su arrepentimiento, al ser despedido en tierra se asimilo a una resurrección. El ciclo ternario de muerte y el proceso de renacer es muy antiguo. El libro egipcio de los Dos caminos relata el viaje del difunto al inframundo por tres secciones o niveles, dos serpientes de descenso y ascenso ( katabasis y anabasis) separadas por un Nilo de fuego. El Libro de los muertos, con todas las complejidades sintácticas que presenta, puede ser dividió naturalmente en tres grandes secciones: 1) el viaje del ba por el Amenti donde pasa terribles peligros, 2) el tribunal Ros-Tau de Osiris donde practica el rito de psicostasia y 3) la ascensión por la columna vertebral o falo de Osiris al plano astral o Duat. Esto tal vez corresponde a una versión del mito osiríaco donde Isis cuelga el cadáver de su esposo en un árbol por tres días tal como Istar lo hizo con el cuerpo de Tammuz.
 
Este ciclo ternario parece ser universal. En la mitología nórdica Odín es colgado en el árbol del mundo por tres días. Buda se ilumina en tres vigilias donde comprende el proceso de liberación. En el Bardo Todol o Libro tibetano de los muertos, como comúnmente se lo conoce, el difunto viaja por un mundo psíquico de seres iracundos y larvas maléficas y debe transitar por tres niveles o “espacios” antes de renacer. Los ritos funerarios de diversas culturas atestiguan este hecho. En India el cuerpo del difunto no se puede quemar sino hasta pasado el tercer día, ya que existe la creencia que hay que darle tiempo al cuerpo astral o pranico (preta) para que abandone el mismo. Igual creencia se sostiene en los enterratorios occidentales antes de la cremación. En el Tarot, como viaje iniciático el héroe de la jornada mística tiene que pasar por tres iniciaciones, la de la Estrella, la Luna y el Sol, representado por los Arcanos 17, 18 y 19, para renacer en los Arcanos 20 y 21. No sabemos la razón de la elección de este ciclo ternario, posiblemente corresponda a la experiencia cósmica de la muerte lunar o solar y su continuación en la tumba durante la etapa invernal, o a resabios primitivos del “inconsciente colectivo”, pero sin duda la creencia se pierde en la oscuridad del pasado humano emergiendo bajo nuevos significados.
 
 
AXIS MUNDI
 
La muerte de Jesús en una cruz es sugestiva. Las estructuras mitológicas ven la cruz como la unión de los opuestos masculino y femenino, por tanto sirve para representar “la concepción”, la unión del esperma (ghi) con el huevo ovular; y a su vez la muerte ya que es el paso del cuerpo astral a otro plano de existencia (la cruz es la representación de la tau + en el paleo hebreo y en las lenguas proto sinaíticas en consecuencia es la última letra del alefato o el final). En esta corriente, la cruz, en su trazo ascendente es la columna vertebral que une los niveles del cosmos, o el falo sagrado (lingam de Siva en India o el pene perdido de Osiris). Por él el chaman accede a otros mundos y el yogui se libera mediante la energía erótica de la serpiente simbólica Kundalini. La cruz es solidaria con el árbol, muchas culturas veían en el árbol el eje del mundo, como Ydgrasil de los pueblos nórdicos o Xibalba de los Mayas.
 
Muchas divinidades mueren en el árbol o tienen allí su crisis mística. Cuenta la tradición que Tammuz perece en el madero y al florecer renace. Según Plutarco, Osiris es encerrado en un sarcófago en forma de tronco-columna y echa raíces. Krihsna muere bajo almendros que florecen en su renacimiento. Buda se iluminó bajo el árbol bhodi. Odín muere en el árbol cósmico. En las culturas mesoamericanas Quetzalcóatl es crucificado.
 
El árbol, en la concepción simbólica es muerte y también es vida o renacimiento. Naturalmente pierde sus hojas en otoño para revivir en primavera. No por nada, los antiguos babilónicos aspiraban a encontrar el árbol de la inmortalidad como el viaje heroico de Gilgamés o el correlato del Génesis, donde Adán y Eva, además de su prole en perspectiva, perdieron el don de la vida al ser expulsados del Edén. Verlo significaba vida, no poder alcanzarlo representaba la muerte. Por tanto, el hecho que Jesús fuera sacrificado en el árbol (de la vida) o cruz es un símbolo místico de su segura resurrección. Es interesante recordar que según la mitología hebrea, el Gólgota (lugar del cráneo) correspondía al sitio donde fue enterrado Adán y la sangre de Cristo derramada sobre sus restos efectuaba la redención.
 
LOS MITOS DEL HÉROE Y EL VIAJE DE JESÚS AL INFRAMUNDO
 
J. Campbell, -como anteriormente lo hizo Otto Rank- dentro de su exhaustivo trabajo sobre paradigmas mitológicos, recopiló una abundante bibliografía sobre “los viajes del héroe”. Allí recorre varios mitos y demuestra que estructuralmente los relatos del héroe corresponden sorprendentemente con varios pasajes de la pasión de Cristo.
 
El héroe por lo general nace de una madre virgen, como Krishna, Zarathustra, Horus, Lao Tzé, etc. Es llamado para emprender un viaje peligroso en busca de un gran valor o a cumplir una misión. Es torturado, en su viaje peligroso se enfrentara a monstruos o dragones que intentaran destruirlo, encuentra la riqueza que busca y regresa renovado. El hallar el “valor”, la piedra filosofal, el Santo Grial, el Vellocino de oro, etc. es equivalente a la muerte de una condición anterior y el regreso a un nuevo modo de existencia, una vida iluminada con propósito. Sin duda este es el fin de toda estructura religiosa, pasar de la redención a la liberación y concluir con la realización del adepto.
 
En el relato de la pasión se cumplen con bastante sugerencia estos presupuestos. Después del ágape Jesús es arrestado y llevado a juicio, golpeado y ultrajado (tortura), es crucificado como humillación pública y al morir (deceso) es enterrado en una cueva (símbolo de lo maternal, regresa al útero para que al igual que Dioniso nazca dos veces. Como le dijo Jesús a Nicodemo en el evangelio de Juan capitulo 3 y resucita en gloria, redimiendo y liberando a la humanidad del pecado adámico.
 
En el evangelio gnóstico de Nicodemo ( I, XVII) se relata el viaje de Cristo a los infiernos. Sin duda esto tiene claras correspondencias con las mitologías funerarias de los pueblos medio orientales ya que los hebreos creían en un lugar larvario (sehol). En el infierno, Jesús se encuentra con Abraham y otros profetas del Antiguo Testamento. Allí también ve el Árbol de la Vida. Condena a Satán hollándolo en el cuello y poniéndole cerraduras al infierno, luego de esto lo arroja al tártaro. Finalmente regresa a la superficie con el triunfo sobre la muerte.
 
De este modo, en el ideario gnóstico, Jesús pisa la cabeza de la serpiente satánica y asciende glorioso sobre ella, cumpliendo la profecía de redención y cerrando así el Pacto de Edén (Gn 3: 15). El misterio pascual y la relación con la muerte son innegables. En las fiestas medievales durante la Pascua los leprosos hacían sonar matracas. En la novela de Tristán (siglo XIII) a las matracas las llamaban Tartaria, probablemente queriendo evocar al tártaro cristiano como dominio del demonio. Esta reminiscencia del tártaro griego evoca al río de fuego por el que el difunto debía pasar, antecesores, sin duda, del infierno cristiano y tan bien evocado en la literatura dantesca.
 
CONCLUSIONES
 
De este modo pudimos hacer un rápido pero detallado paseo por diversas mitologías antiguas de muerte y renacimiento y dilucidar que estas ocurrieron en el equinoccio de primavera como símbolo de la renovación de la vegetación. Por tanto, debemos considerar que los ritos que supuestamente practicamos son en su base una emergencia de religiones más antiguas, desactivadas, pero que resurgen en las nuevas necesidades del hombre actual. Como diría Jung, son muestras de arquetipos ancestrales en la mente consciente del hombre moderno; pero sin duda cumplen con su antiguo papel instaurador, funcionan para ser interiorizados y experimentados, dar sentido y significado a la existencia y develar los misterios últimos de la vida y de la muerte.
 
Bibliografía sugerida
 
Burkhard, G.: “Las fuerzas zodiacales”, Madrid, 2005.
 
Campbell, J.: “El héroe de las mil caras”, Bs. As. 2001.
 
Cardona, F.: “Mitologías y leyendas asiáticas”, Barcelona, 1996.

 

Eliade, M.: “Cosmología y alquimia babilónicas”, Barcelona, 1991.

 

Fuller, R.: “Fundamentos de la cristología neotestamentaria”, Madrid, 1979.

 

James, E.: “Historia comparada de las religiones”, Madrid, 1997.

 

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Riviére, J.: “Ritual de magia tántrica hindú”, Bs. As. 2003.

 

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Tola, F.: “Muerte e inmortalidad en el Rig Veda y Atharva Veda” En “Yoga y mística de la India”, Bs. As. 1978.

 

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