SECTAS: ASPECTOS DE LA CONFUSIÓN DIALECTICA EN LA OPIÑÓN OCCIDENTAL



Por Sergio Fuster

Teólogo y filósofo

Es frecuente cuando ocurre un hecho delictivo dentro del espectro de una religión o grupo de personas que se reúnen con algún fin devoto el que surja en los medios el tema de las “Sectas”. En estos medios de comunicación y en los ámbitos no iniciados, como lo es la opiñón pública laica, el tema parece adoptar dimensiones catastróficas e invade el terror a caer víctima de algún grupo “satánico” que nos laven el cerebro y nos den a beber algún brebaje a modo de suicidio colectivo para ser transportados a otro planeta donde las cosas sean más interesantes que en este mundo. Es cierto que hubo, hay y habrá hechos criminales dentro del ámbito del espectro de las búsquedas espirituales humanas, pero el tema merece ser tratado con cautela. Este breve trabajo está destinado a precisamente eso, a poner un poco de orden en esta gran Babel de manifestaciones espiritualistas y a la confusión que genera en los medios de prensa donde los “opinólogos” no cuentan con la capacidad de conocer objetivamente los hechos ni con la entereza intelectual que estos requieren para su tratamiento correcto; por lo tanto este tema como tantos otros siempre terminan deformados oscureciendo la realidad más que iluminarla.



En primer lugar la palabra “secta” es ambivalente y no se la ha usado con la debida corrección. El primer aspecto a tener en cuenta es el momento histórico y la región geográfica. Con relación al abordaje histórico, es bueno recordar que toda religión es en alguna medida una secta. Es decir, es un “sector” apartado de otro por diferencias doctrinales o algo parecido. El cristianismo es una secta del judaísmo y este una secta de la religión cananea. El Islam es una secta del judaísmo talmúdico y de los pueblos árabes nómadas. El protestantismo es una secta del catolicismo romano y la Iglesia ortodoxa es una secta del cristianismo agustiniano. A la vez entre las filas protestantes podemos citar decenas de sectas menores: pentecostales, reformistas, anglicanos, etc. Entre los cristianos católicos están los carismáticos, la religiosidad rural, devociones mixtas, etc. Esto nos muestra que el sectarismo es un hecho natural del hombre en su construcción de lo sagrado. Lo que parece causar prejuicio en este tiempo es solo una razón de tamaño. Llamamos secta a un grupo minoritario reciente y no a grupos multitudinarios que tengan miles de años de existencia. El problema es de marketing.

Por otra parte hay una raíz hemisférica que se debe  tener en cuenta a la hora de abrir juicios de valores entre el consumado pensamiento occidental. El problema de las sectas es un tema recurrente solo en Occidente, es decir, solo por estas tierras se la vive como anormalidad (fuera de la norma impuesta). Es impensable en Oriente un debate semejante. La razón es simple. Oriente está formado desde sus orígenes en la construcción sectaria. Existen miles de ellas, tantas que el asunto es inabarcable. En India, las llamadas filosofías crean millares de manifestaciones culturales y religiosas. El bramanismo, el vaisnavismo, el sivaismo, el saktismo, el budismo, el tantrismo, el jainismo y así podríamos ocupar páginas y páginas de este escrito, pero no es el caso, solo queremos ilustrar el punto. El budismo en sus diversos caminos, el taoísmo, el shintoismo japonés, etc. etc. Oriente construye su base sacramental bajo el armado de sectas, grandes y pequeñas. Reunirse a los pies del gurú o swami para escuchar una enseñanza religiosa es moneda corriente. Los Upanisadh (escritos místicos del siglo 800-500 a. C) hablan de las diversas escuelas de yoga, es más la misma palabra Upa significa “sentarse a los pies del maestro”.

Sociológicamente se ha definido a una secta como un grupo cerrado que produce un control sobre lo que creen los miembros y tienen un fuerte sentido de auto pertenecía. Este tema surge en el campo de la sociología cuando en el siglo XVIII y XIX cuando Gran Bretaña tomo la India y otras porciones de Asía y el interés tanto académico como seglar se inclino a una búsqueda de conocimientos oriéntales, considerándolos más atractivos y espirituales que en Occidente. Pronto maestros “ascendidos” e “iluminados” invadieron la sociedad europea y americana. El sincretismo, como es natural, no se hizo esperar. Esto independientemente de una valoración era inevitable que se produjera, orientalistas trajeron traducciones de textos, el mismo Schopenhauer y Nietzsche se interesaron en ellos. La teosofía se hizo corriente y todo esto dio a luz a la New Age. Hoy los conocimientos, filosóficos, teológicos, religiosos absurdos y científicos se mezclan en una gran caldero de fabulaciones y doxas infundadas. Y las grandes sectas o las grandes religiones nada pueden hacer al respecto, o se adaptan a los nuevos tiempos o terminaran por fallecer. A la religión también le llego su posmodernidad.

Concluimos primeramente que las sectas o como quieran llamar a estas experiencias religiosas no deberían ser objeto de preocupación ya que son formaciones naturales del espíritu humano. Cuando abordamos el concepto de Secta destructiva debemos pensarlo en otro orden. Una cosa es una estructura religiosas sea oriental, occidental o contenga elementos de ambas y otra cosa es la consecución de un delito.

Pasó, pasa y seguirá pasando que algunos delincuentes, enfermos, estafadores y embusteros (incluidos asesinos y psicópatas sexuales) han utilizado este fenómeno para cometer sus crímenes bajo un andamiaje de disimulo, como es el caso de Bragwan Shrre Rajneesh (Osho) o de Aum Shinrikyo envueltos en atentados terroristas. Las grandes religiones han cometido sus crímenes. Si no pensemos en la inquisición católica, en los crímenes nazis conocidos y callados por el Vaticano. De los sacerdotes y pastores pedófilos. Del brutal genocidio budista al pueblo Chino, etc. El delincuente debe ser juzgado por la justicia según sus hechos pero no el espectro religioso en sí que es natural al espíritu social y espiritual humano. Por ejemplo el concepto “política” no es malo en sí, pero el sistema a manos de un dictador y genocida es fatal. Vallamos a un ejemplo más cotidiano, las redes sociales en la web. Como tales no son malas pero en manos de un enfermo sexual o un terrorista puede causar un desastre. La idea es separar el sistema como tal del hecho delictivo como lo específico.

Por último esto requiere un autoanálisis acerca de nuestra construcción como individuos libres y que piensen con claridad. Todos los hombres somos finitos y buscamos totalizarnos en un ámbito sagrado. El tema es como nos relacionamos con esa necesidad natural. La libertad del pensar por sí mismo, de decidir con justo conocimiento va a ser útil a la hora de que alguien quiera “captarnos” con promesas falaces y soluciones mitológicas, de tal modo que podemos usar nuestra mente no para hacer lo que otros nos dicen sino para gobernarnos a nosotros mismos.