AÑO 1 - N-1
Dirección: Ariel Karpatros
Colaboran en este númedo: Cristina García Oliver, Miguel Cevedo, Sergio Fuster, Marcelo Da Cunha, Silvio Rouco.

Editorial



Estimados lectores, fue con gran esfuerzo que hemos logrado editar el primer número de la Revista Superhombre. Muchos se preguntarán el por qué del título elegido. La idea del Superhombre no solo nos retrotrae a la filosofía contemporánea nietzscheana, sino que también marca la profecía de una época postmoderna que intentaremos transitar y dilucidar juntos en el contexto de la situación Argentina. Contribuir también al establecimiento de un hombre nuevo y libre con realizaciones. Para nuestro primer número contamos con un trabajo de la Lic. Cristina García Oliver con un ideario literario; infaltablemente estará presente un fragmento del pensamiento de J. P. Sartre y la mirada teológica de Sergio Fuster en la construcción de un pensamiento postcristiano en su filosofía “contraexistencialista”. Contamos además con el aporte de nuestros dos columnistas M. Da Cunha, poeta y escritor y el guionista Silvio Rouco con sus lúcidas apreciaciones acerca de cine y comix, como nuevas mitologías contemporáneas del Superhombre. Esperamos sinceramente que disfruten de este número como nosotros disfrutamos haciéndolo.
La Dirección

La risa de los Dioses





Por Cristina García Oliver

A mi hijo José Hernán Clucellas García Oliver, i.m.

En La República, Platón expone, en diálogo (¿ficticio?) con Adiamante, las razones por las cuales deben ser erradicadas las narraciones “ficticias” en la educación de niños y jóvenes. En los Libros II y III, el ataque se dirige concretamente a las tragedias de Esquilo y a los poemas homéricos, en particular la Ilíada. El filósofo se muestra preocupado por el contenido poco edificante de muchas de las conductas que asumen los Dioses y los héroes; y por el hecho, sin duda contradictorio, de que las divinidades buenas incurran en arbitrariedades y otras debilidades más que humanas.
Sin desconocer que el rechazo al antropomorfismo homérico constituye, quizá, un progreso en el plano religioso e incluso moral, produce cierta zozobra pensar que, de haber triunfado las teorías platónicas en ese aspecto, la Ilíada hubiera sido barrida del mapa, y también la Odisea, y todas las tragedias de Esquilo, excepto que, como no puede dejar de sospecharse, Platón hubiera conservado un ejemplar de cada una de ellas para su disfrute personal. Que es, naturalmente –y a menudo- lo que hacen y han hecho siempre todos los censores que en el mundo han sido.
Pero en el caso de haber subsistido las obras de marras, con las correcciones y podas recomendadas –exigidas- por Platón, probablemente hoy no las leeríamos. En efecto, en las listas de temas, tópicos y escenas típicas que Platón pretende eliminar se encuentran: -las descripciones del Hades como lugar triste, presentes en pasajes como el encuentro de Ulises con Aquiles (Homero Od. XI, 405-491), o las palabras de Aquiles cuando la sombra de Patroclo elude su abrazo (Il. XXIII, 103-104), ya que tales pinturas inducirán a la cobardía;
-También encuentra Platón bochornoso que el héroe Aquiles exprese tan libremente como lo hace su dolor por la muerte de Patroclo;
-el afán moralizante de Platón no se detiene ante hechos aparentemente tan inocentes como los banquetes: el hambre de los héroes le parece un mal modelo de templanza para los jóvenes;
-y se crispa aún más ante la descripción de Zeus dominado por la pasión amorosa en la maravillosa escena del Canto XIV de la Ilíada;
-tampoco está dispuesto a aceptar la risa de los Dioses:
“E inextinguible nació entre los dioses la risa cuando vieron en la sala a Hefesto afanándose tanto” (Il. I, 509-600) (1).
Al respecto, dice Platón, terminantemente: “No será admitida, por tanto, ninguna obra en que aparezcan personas de calidad dominadas por la risa, y menos todavía si son dioses” (2).
En síntesis, hasta aquí, se pretende prohibir la representación del miedo, el dolor (excepto en mujeres, y éstas de la más vil condición), la risa y el amor.
Con respecto a los Dioses en particular, Platón encuentra inaceptables su arbitrariedad; y el hecho de que induzcan a engaño a los mortales. Con lo cual se asestarían rudos golpes a la Ilíada: concretamente se cuestiona el célebre pasaje:
“…dos tinajas Zeus es el suelo fijadas tiene: repleta está la una de buenos destinos y la otra de males (Il, XXIV, 527-532).
Debería evitarse presentar a Palas atenea y Zeus instigando al troyano Pándaro a violar los juramentos y romper la tregua (Il., II, 68 y ss.): el pasaje en el que Zeus envía el sueño a Agamenon (Il., II, 1-34), y por supuesto todos aquellos episodios en los que los dioses aparecen tomando forma humana. En tal sentido, aunque Platón no lo cita específicamente, debería condenarse en particular aquél en el cual, con el expreso consentimiento de Zeus, Palas Atenea se le aparece a Héctor habo el aspecto de hermano Deífobo, y lo persuade de presentar combate a Aquiles. Tal hecho decide a Héctor, y constituye el principio del desenlace de todo el poema, siendo el momento en que Héctor advierte que ha sido engañado y que está solo y lejos de las murallas de Troya, uno de los momentos culminantes de la literatura universal.
De modo análogo, pretende Platón que no se represente la felicidad del malo y la desdicha del bueno, norma que, si hubiera de ser seguida por los poetas, terminaría con la poesía, ya que la esencia de ésta, como la de la vida, se halla fuertemente vinculada a la existencia de tales contrastes e injusticias.
Llegamos así al meollo de la cuestión: el filósofo también eliminaría la ira de Aquiles y su sed de venganza, pasiones ellas muy bajas para un héroe de su talla.
Cabe preguntar: ¿qué quedaría de la Ilíada sin la cólera de Aquiles? Como bien dice Kirk (3), una de las genialidades de Homero consistió en articular el poema en torno a un tema relativamente secundario: o sea, colocar en primer plano el conflicto individual entre dos personalidades: Agamenon y Aquiles, manteniendo el asunto más general de la guerra de Troya como una especie de telón de fondo. En otras palabras, habría que ver si la mera narración de las batallas masivas y los combates singulares, de los catálogos de naves y de jefes con sus respectivas genealogías, no resultaría un tanto monótono- pese a estar estupendamente lograda en términos de lenguaje, a través de las metáforas, los símiles, los epítetos, la vividez de las escenas siempre análogas y siempre distintas, como por ejemplo, las muertes de los guerreros.
En síntesis, todos los temas que provocan el escozor y el rechazo de Platón son los que hacen que los lectores de hoy y de todos los tiempos sigamos leyendo la Ilíada con renovada emoción, y si bien podemos resolver adoptar como lema para nuestra vida la frase:
“Calla ya, corazón, que otras cosas más duras sufriste…” (Od. XI, 15-20).
Seguiremos estremeciéndonos al leer las palabras de Aquiles a Apolo:
“Me engañaste, flechero, funesto entre todos los dioses, pero bien me vengara de ti si me fuera posible” (Il., XXII, 15-20).
En conclusión, la Ilíada, la Odisea, las grandes tragedias, no solo nos hacen gozar; no sólo hacen nuestra existencia más viable, más grata, sino que la hacen grandiosa, porque grandiosos, portentosos son los hechos de los dioses y de los héroes: derrochadores, magnánimos en sus risas, en sus amores, en sus banquetes, como también en su dolor y en sus cóleras. Resulta secundario que se trate de imitaciones de primero, segundo, tercero o cuarto grado. Felizmente, quizás, los dioses logran aún hoy engañarnos. Felizmente también, la buena ficción, la ficción bella se ha impuesto y sigue imponiéndose, no únicamente al chato y razonable realismo de los mediocres sino- lo que  es aún más extraordinario-, a los ocasionales, colosales errores de gigantes como Platón.
Notas
(1)   Las citas de los pasajes de la Ilíada y la Odisea son reproducción textual de las de Platón en la edición de la República indicada en la nota siguiente.
(2)   Platón, La República, Barcelona, Altaya, 1993.
(3)   Kirk, G.S., Los poemas de Homero, Barcelona, Paidós, 1985.

Jean Paul Sartre.Visión sartreana del Ser y la Nada adaptada a la Filosofía del Derecho

 

Por Miguel Cevedo

""Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es".
Jean Paul Sartre.
Nació en París (Francia) donde cursó en 1924 en la Ecole Normal Superieure en la cual conoce a Raymond Aron, G. Canguilhem, J. Hyppolite, M. Merlean-Ponty y Paul Nizan. En 1927 es agregado en filosofía y en 1929 comienza a dar clases en Le Havre. Luego, en 1933-34 se marcha a Berlín donde se inicia en la fenomenología de Husserl. Se casó con la escritora Simone de Beauvoir. Sartre fue un gran militante y activista de la política, especialmente del campo izquierdista donde se identificó con el marxismo, pero luego con la invasión de Hungría en 1956 por parte de la extinta Unión Soviética, abandonó esta ideología sumándose más tarde a la causa argelina por la cual sufrió algunas agresiones en contra de su integridad física. Posteriormente tiene un reacercamiento al marxismo esta vez con el pensamiento de Mao Tsé Tung.
Entre sus obras encontramos: "La trascendencia del ego" (en 1936), "La Imaginación" (en 1936); "La Náusea" (1938); "Bosquejo de una Teoría de la Imaginación" (en 1939); "Lo Imaginario, Psicología Fenomenológica de la imaginación" (en 1940); "El Ser y la Nada" (en 1943); "Las Moscas" (en 1943); "A Puerta Cerrada" (en 1945); "El Existencialismo es un Humanismo" (en 1946),"Cahiers Pour une Morale" o "Cuadernos para una Moral" (entre 1947 y 1948); "Le scenario Freud" o "El Escenario Freíd" (en 1958); "L’ Idiot de la Famille" o "El Idiota de la Familia" (3 vols. 1971-72); "Las palabras"; "La Razón Dialéctica" (en 1960) y "La Inteligibilidad de la Historia" (publicado póstumamente en 1985).

Visión sartreana del Ser y la Nada adaptada a la Filosofía del Derecho
El presente trabajo pretende transportar algunos términos y situaciones del léxico sartreano al mundo jurídico. Conscientes estamos, que este intento es tan sólo una breve aproximación a la concepción solipsista dentro de la cual se halla inmersa la metafísica de Sartre, ya que una inserción más profunda y mejor terminada, sólo será posible teniendo a disposición un margen mayor de tiempo tanto para la lectura, reflexión, análisis y comprensión de la extensa obra sartreana, amén del tiempo que conllevaría la elaboración del mismo. Al fin y al cabo la Filosofía del Derecho ha trabajado en muchas oportunidades con ideas que fueron elaboradas y proyectadas hacia la filosofía general; pero que los iusfilósofos las han adaptado a la realidad del mundo jurídico mas o menos con el siguiente razonamiento: el filósofo "A" nunca se refirió al Derecho o a la Justicia pero si lo hubiera hecho y conociendo su forma de razonar, sus puntos deberían haber estado en este orden de ideas.
Indudablemente, este razonamiento hecho en esta forma y sobre todo, después de haber muerto el pensador a quien se hace referencia produce evidentemente una ventaja para el iusfilósofo y una desventaja para el filósofo objeto de este tipo de estudio. La ventaja para el primero es que tiene plena libertad para hacer los correspondientes enfoques en el campo legal en nombre del segundo. Y para este último, la desventaja consiste en que aunque pudiera discrepar del primero en los razonamientos que se hacen; sin embargo, no está vivo para poder contradecirlos.
En honor a la verdad, tampoco existe la intención del intérprete de aprovechar esta coyuntura y falsear o distorsionar el espíritu que animó las teorías y métodos del autor interpretado en cuestión. Más aún, cuando sabe que su obra será sometida al análisis riguroso de terceras personas quienes conocen con profusión y dominio a quien se intenta interpretar. De ahí, que un buen trabajo iusfilosófico sería aquel en el cual se aplaudiera su elaboración por estar ceñida al pensamiento del filósofo y se dijera: "Fulano de tal no dijo eso, pero indudablemente la adaptación ha sido hecha en forma impecable. Sus ideas y sus métodos se pueden reconocer en cualquier disciplina ya que sus puntos de vista forman la marca o sello que identifica a equis teoría".
Para finalizar, señalaremos que interpretar a alguien que habló de Derecho o de justicia resulta mucho más fácil que a quien se introduce en el campo de la filosofía jurídica.


EL SER Y LAS NORMAS JURÍDICAS
EN EL CAMPO DEL DERECHO
Antes de comenzar las acotaciones sería conveniente señalar lo que sería en nuestro caso el "en-sí", el "para-sí" y el "para-otro" en un mundo iusfilosófico.
El en-sí.
El Derecho y las normas jurídicas tienen que aparecérsenos necesariamente en cada fenómeno como lo que hace posible así al fenómeno. La conciencia llega a admitir la existencia del Derecho y de las normas jurídicas. Estos fenómenos sociales son revelados en su presencia frente a la conciencia, de ahí que se hablaría de conciencia jurídica cuando "el fenómeno del ser exige la transfenomenalidad del ser mismo en el campo del Derecho". Y esto permite indudablemente la evolución de las normas jurídicas porque como fenómeno que ocurre en el mundo social, una vez hecha conciencia de esta fenomenología; la misma se transfenomenaliza generando una dinámica continua en la vida real y en la conciencia del ser que la ha objetivado. Independientemente de que la conciencia jurídica exista o deje de existir, el ser en-sí en cuanto ser habrá de ser siempre idéntico a sí mismo. El fenómeno social y jurídico en-sí es un abstracto sin la conciencia jurídica pero no su ser. El fenómeno jurídico se muestra a través de la conciencia jurídica, pero el ser en-sí es independiente de ella.
El Derecho, la Justicia se nos revela a través de algún medio de acceso inmediato como la equidad, la injusticia, el favorecimiento, la analogía, etc.; lo que implica evidentemente la idea de un mundo jurídico. Ello no se deriva de nada en absoluto ni de otro ser, ni de un posible ni de una ley necesaria. Tanto para Sartre como para Heidegger, la conciencia jurídica comprende inmediatamente su situación en el seno de la contingencia sin tener necesidad de una explicación. En efecto, existe una comprensión pre-ontológica jurídica del ser.
El ser, independientemente del fenómeno social o jurídico tiene idea previa de lo bueno, lo malo, lo justo, lo injusto, lo propio, lo ajeno, etc. Esto hace que el en-sí esté revelado en la propia conciencia del ser en una forma previa o pre-ontológica jurídica aun sin conocimiento del Derecho y la justicia, además en una forma de conciencia jurídica al presentárseles los fenómenos sociales o jurídicos y obtener una comprensión transfenomenológica de lo que es el Derecho y la justicia, no como abstracción puramente teórica sino como dinámica y dialéctica social que se proyecta en sí misma.
El para-sí.
La aparición del para-sí o acontecimiento absoluto nos remite al esfuerzo de un en-sí para fundarse; corresponde a una tentativa del ser para eliminar la contingencia de su ser. Desencadena a una desestructuración descompresora del en-sí que tiene como resultado del en-sí por el para-sí. La conciencia jurídica es anterior a la nada jurídica, puesto que gracias a su surgimiento aparece el no ser, lo contrario es imposible. La nada jurídica no puede producir la conciencia jurídica. La nada, nada puede producir. La aparición del para-sí provoca el estallido del ser en-sí al que niega pero no puede explicar.
A pesar de que el en- sí es ontológicamente anterior al para- sí, sin embargo no es causante del surgimiento de éste. A través del para-sí el en-sí se convierte en mundo, es ser conciencia de algo frente a una presencia concreta y plena que no es la conciencia; es rodearla con el halo de nada y hacer que aparezca, singular, contra el fondo del mundo. El para-sí es también y por sí mismo un "absoluto de existencia"; es existencia de punta a cabo, sin el menor rastro de esencia. La conciencia jurídica nada tiene de sustancial, es pura apariencia en el sentido de que no existe más que en la medida en que se aparece. A causa de esta identidad que en ella se da entre apariencia y existencia puede ser considerada como lo absoluto.
Cuando el ser en-sí aprehende y dinamiza la conciencia pre y ontológica jurídica de lo que es un acto bueno y lo que es un acto malo; de lo que si el acto se ajusta o no a las reglas del Derecho actual para-sí, opera en él la comprensión de la apariencia que subsiste del Derecho en la conciencia jurídica, la existencia total que se produce en el para-sí cuando se contempla en su actuación misma y se pregunta si lo hecho por él responde o no a la transfenomenalización de sus actos que se insertan o rechazan con el ordenamiento jurídico, la justicia, la ley, la adecuación a la tipicidad y la transgresión.
El para-otro.
El ser para-otro no es la captación del acto de la conciencia jurídica en cuanto existencia (para-sí) por el ser actuante; sino que trasciende mas allá del acto mismo contemplado por el propio ser a un acto contemplado por otro (para-otro). De repente, el ser se da cuenta que su actuación existencial con relación a su conciencia jurídica en cuanto esencia en-sí y existencia para-sí no están solas como posibles dicotomías; sino que, se ve perturbada por la intromisión de un tercero que nos mira (ser para-otro) y que mediante este hecho de negación de nuestro propio ser nos hace posible la existencia real del Derecho, la justicia y la norma jurídica en cuanto tal.
El ser para-otro viene a determinar y justificar la existencia del Derecho. El éxtasis reflexivo se encuentra en camino de un éxtasis más radical: el ser para-otro. El éxtasis del para-otro constituye el esfuerzo más intenso de exteriorización realizado por la conciencia jurídica: es el que finalmente me permite que me afirme como objeto ante una intencionalidad.
Pero esta vez la intencionalidad ya no es mi propia conciencia jurídica, ya no soy como en la reflexión mi propia mirada posada sobre mí y el yo -objeto- "mi objetividad" así creado se me escapa totalmente. No soy yo quien determina lo justo, lo injusto, lo verdadero, lo falso, lo lícito, lo ilícito. Es el otro quien invade mi mundo y posee mi conciencia. Soy poseído por otro y es necesario para mi defensa la creación o sujeción de las reglas del Derecho. La única forma de salvarme es que el otro las acate también; ya que de lo contrario, mientras trato de esclavizar al prójimo, él trata de esclavizarme a su vez. Por ello, no se trata aquí de relaciones unilaterales con un objeto en-sí sino de relaciones recíprocas y móviles.
En reconocimiento de mi objetividad experimento que el otro también tiene conciencia jurídica. El prójimo posee un secreto; el secreto de lo que soy en cuanto hago y por ello mismo me posee. Mi libertad se convierte en la libertad del prójimo. El otro me mira y como tal reúne el secreto de mi ser, sabe lo que soy. Así el sentido profundo de mi ser está fuera de mí, prisionero en una ausencia; el otro me encadena. La norma jurídica me protege y me ayuda a recuperar esa libertad que es el fundamento de mi ser-en-sí. Si mi acto ha producido la transgresión de las reglas del Derecho, seré absorbido por el otro.
Pero este conflicto con el otro no es inalterable, se trata como hemos dicho, de relaciones recíprocas y móviles. Mientras yo trato de librarme de mi ser-para-otro el otro también trata de reabsorberme. Y es que el otro me mira como yo jamás podré mirarme y de ahí su secreto. Si he cometido algún delito o no; ahí estará el otro para denunciarme, para testificar en mi favor o en contra, para juzgarme, para condenarme o absolverme. Ya no es el en-sí para-sí como conciencia jurídica (en cuanto esencia y existencia, apariencia y realidad) la que me contempla y juzga, sino es el otro quien me mira, me posee y quien determinará (sin yo influir en él ni intuir en su decisión) la sanción que habrá de hacer y recaer sobre mí.
El Derecho, la justicia ya no los poseo porque es el otro quien me los ha robado y quien los aplicará en mi favor o desgracia. Existe una negación recíproca que hace posible que no sea igual la conciencia jurídica que yo tengo con relación a la de mi prójimo y la que éste tiene con relación a la de mi ser. Esta contingencia es insuperable y constituye el hecho de mis relaciones con el prójimo así como mi cuerpo constituye el hecho de mis relaciones con el mundo.
Desde este punto de vista la unidad con el otro es de hecho irrealizable, y de derecho también ya que la asimilación del para-sí y del prójimo en una misma trascendencia entrañará necesariamente la desaparición del carácter de alteridad del otro. De esta manera, para que yo proyecte la identificación del otro conmigo, es necesario que persista en negar de mí que sea el otro. Esta visión sartreana que nos empeñamos en llevar al campo jurídico se corresponde con la de Schopenhauer cuando afirma en sus relaciones con el otro lo siguiente:
"En nuestro hemisferio monógamo, casarse es perder la mitad de sus derechos y duplicar sus deberes".
De manera que la unidad con el otro, aún en el matrimonio, no sólo hace desaparecer nuestro proyecto de asimilación del para-sí; sino que también trae como consecuencia más grave la merma de nuestros derechos y su posible disolución y absorción por parte del otro. Por ello Sartre, insiste en que si proyecto realizar la unidad con ese otro, eso significa que proyecto asimilarme la alteridad de otro en cuanto tal como mi posibilidad propia. Lo que quiere decir que es una negación a mi propia individualidad como ser actuante en un mundo jurídico. Yo ya no soy yo, libremente he dado mi libertad a la libertad de otro. He dejado de ser "sui iuris" para convertirme en "alieni iuris". He sido absorbido, totalizado por el otro y mi conciencia jurídica, mi en-sí para-sí se ha modificado en un ser para-otro.
Ante este conflicto que genera controversias, luchas por poseer cada uno la libertad del otro y por ende sus derechos, amén de la conciencia jurídica también es cuando se interpone la ley como un tercero distinto a las conciencias jurídicas individuales y con una autoridad "erga omnes" que exige inalterablemente acatamiento so pena de sanción. Se produce una situación precaria del ser en–sí causada por el para–otro. Hay una "capitis diminutio" de su derecho.
El conflicto en-sí para-sí en su dicotomía con relación al ser-otro se ve doblegado por una conciencia jurídica abstracta ajena al yo y al otro y que les impone sumisión. Actúa como un catalizador, como un fenómeno que interpone en cada ser que trasciende a sus existencias y las limita, las vuelve contingentes e impide en el plano jurídico la arbitrariedad, posesión ilegítima de un ser sobre el otro. La nada no produce la norma jurídica; todo lo contrario, ésta aparece frente a una necesidad dada, la cual regula y transforma. Cuando el otro (el prójimo) actúa administrándola, se sujeta a la conciencia jurídica de la norma y no a la del prójimo. Con ello se evita la posesión del en-sí por el ser para-otro. La factibilidad del fenómeno jurídico es tipificada en la propia norma; y el sujeto en-sí para-sí es mirado entonces por el ser para-otro no para ser absorbida su libertad sino protegido por las reglas del Derecho para resarcir un daño infringido. Entonces de esa manera restablece su derecho transgredido.
El arrojamiento en el cual el cogito de la existencia de otro se confunde con el cogito propio del ser en-sí es intervenido por la aparición concreta de otro cogito procedente del "ius-lex" que surge en forma contingente pero trascendente y que no depende de la conciencia jurídica que la capta. La comprensión "pre-ontológica" de la existencia del otro es equiparable a la comprensión prejudicativa del ser. Nuestra objetividad, nuestro ser-objeto no escapa ni es ajeno aunque lo quiera de ese tercero que aparece llamado ordenamiento jurídico. Sólo exige como "conditio sine qua non" para poder ser aplicado en todo su imperio la existencia del ser y del prójimo. Y aquí es cuando el ser en-sí para-sí logra recuperar su propia libertad, autenticidad ya que la conciencia jurídica sola sin el acompañamiento del otro trastoca el carácter sinalagmático que le es propio a la norma jurídica.
El cogito jurídico del en-sí para-sí se ve de esta forma retornado a su propia libertad en la cual el Derecho interviene y evita la posesión de la conciencia jurídica a través del prójimo. Se preserva de esta forma el carácter solipsista que origina el razonamiento sartreano gracias a la aparición de ese tercero llamado Derecho u ordenamiento jurídico.

Frases de Jean Paul Sartre.
"Mi libertad se termina donde empieza la de los demás"
"Los cobardes son los que se cobijan bajo las normas"
"El hombre nace libre, responsable y sin excusas"
"Cuando los ricos se hacen las guerras, son los pobres los que mueren"
"Trata de amar al prójimo, ya me darás el resultado".
Tomado de la obra Filosofía Jurídica y Política de Miguel Omar Cevedo Marín.

El mito de la redención y el Dios de los filósofos





Por Sergio Fuster

“El Dios de Jesucristo actúa contra la religión, y es que ser cristiano no es huir a otro mundo sino vivir en este”.
Dietrich Bonhoeffer

La inactividad de Dios es un problema insoluble, las religiones con sus dogmas satanizan el mundo poniendo a los demonios como los entes activos en el cosmos, Dios solo intervino en la creación, en la llegada de Cristo y lo hará en lo teleológico. Esto abrió el camino para la concepción de un Dios de los filósofos y un Dios de los teólogos o cristianos. El Dios de los filósofos es el “acto” de Aristóteles, es el fundamento de todo sistema de pensamiento independiente del mito, el Uno, el primer motor, lejano, un Dios que se lo puede buscar sin fe. En cambio el Dios de los cristianos es el Dios de la revelación, el que funda religiones de las formas, se muestra cercano al hombre y se lo presenta con características humanas (amor, sabiduría, poder, gracia, etc.).
Será interesante repasar la idea de Nietzsche con relación a Dios. Su concepción es el de un Dios escondido, finalmente fallecido. Acercarse a Dios es alejarse del ser y el ser es cercano a la voluntad de poder, quizá por ello Heidegger lo incluyó como un filósofo metafísico.
Sin embargo, se advierte que para Nietzsche la metafísica es la decadencia (aun así no pudo escapar a ella en el último período de su pensamiento). Cuando el mundo griego se derrumbó y lo sobrecivilizó el mundo cristiano es allí cuando se expande la metafísica. El pueblo griego no se sintió seguro de vivir en el  mundo de lo real, por ello Patón creó el mundo de las ideas.
Este mal, según Nietzsche, es lo que invadió toda la historia de la filosofía hasta el “espíritu de Hegel, ya que la metafísica lo impregna todo (política, historia, sociedad, religión) y está trasladado a los valores cristianos. Estos en lugar de vivir en este mundo han construido el mundo del más allá. Para Nietzsche el mundo germano estaba invadido del cristianismo que establece “la culpa”. En su “Anticristo” escribe: “El ejemplo más lamentable es este: la ruina de Pascal, que creyó que su razón estaba corrompida por el pecado original, cuando solo estaba corrompida por su cristianismo”.
El hombre debe reconocerse pecador, “malvado”, y junto con la culpa deviene el mito de la redención, “la renuncia al yo violento” a través del acto salvífico. Es aquí cuando se desarrolla la filosofía de la salvación.
La religión de las formas ata al hombre, lo domina -ya sea por la culpa (cristianismo, judaísmo), las castas (brahmanismo) o el sometimiento al poder político (confucionismo e Islam)-, para tal fin en reuniones conciliares. El hombre no es blanco de una culpa como la mancha del pecado (heb. Jat-ta’th), o victima de su nacimiento, sino que es existencialmente  dualista. Las tradiciones místicas lo han expresado muy bien, por ello se apartaron de la religiosidad de las formas en pro de una religiosidad experiencial. En Egipto es Set y Horus, de allí deviene el dualismo gnóstico, en la Cábala Yahvé es claro y oscuro, en Persia es Ormuz y Ariman, en China aparece el símbolo del Yin y Yang. Es interesante detenernos un momento en este emblema, no es lo totalmente malo o lo totalmente bueno, sino el “equilibrio” de ambas partes, la vía intermedia en el budismo como el centro.

Postulamos que el hombre es un ser ambivalente, dentro de su psiquis tiene ambas naturalezas, la sombra como la llamaría Jung o el Id de Freud, esto lo proyecta al misterio, a lo sagrado, a otro ámbito de realidad, como Otto lo expresa “lo tremendo” y “lo fascinante”; por tanto el concepto de Dios funciona como un Supra/Intra Ser, pero lo que lo pone en equilibrio entre el afuera y adentro, entre el bien y el mal es su dimensión espiritual hasta llegar al no/Ser a la nada o el todo.
Lo espiritual es lo etéreo, es el viaje al yo real a través de los falsos egos. No puede ser definido o estudiado por su misma naturaleza, solo puede ser experimentado y manifestado en las acciones. Se ha hablado de él como “aire”, un soplo animador que impulsa nuestros actos, lo incorpóreo que se asocia a una fuente material que nos vivifica, trasciende la percepción física y la razón analítica. Es la idea fundamental y carácter central de alguien que no es. En el hombre es su esencia, quien determina quien es o no es.
El hombre espiritual está consciente de su realidad invisible y se busca a sí mismo, al final de este viaje está el encuentro con Dios, no en otra realidad o dimensión, sino aquí, al final de este viaje está el encuentro unitivo con lo otro o con lo nuestro, eso que llamamos Dios. No en la otra vida o dimensión sino aquí es esta tierra, en esta vida y en su cotidianeidad. Pierde la fe, en el sentido de creencia para adoptar la certeza en el sentido de saber. El hombre espiritual está libre de las ataduras de los dogmas y preceptos de todas las religiones en pro de una vida más plena y holística. Descubre que la redención del hombre está en retornar a la mitología (no el mito como atadura sino como liberación), entendida esta como un desarrollo plenificante y una vida con sentido donde la fe no está inserta en el tiempo histórico ni en el devenir fontanal, sino en un eterno presente sin tiempo, allí en lo atemporal esta Dios, el otro o lo nuestro la nada o el todo.


Columna del Reptil anarquista.

Por Marcelo Da Cunha, poeta y escritor

 

Sufrís contaminación musical?... ¡no lo dudes, Gildrix puede salvarte!
Es el superhéroe que no llegó todavía a Buenos Aires. Marvel y DC no lo conocen.
El nació en un planeta lejano, tal vez Saturno, por el año 1974. Es mitad Hendrix y mitad Gil Evans.
Forman parte de la tripulación de su nave un par de elefantes, un par de rinocerontes, un par de pulpos, un par de pájaros muy exóticos, un par de monos, un par de serpientes, un par de dragones, un par de lobos, un par de zorros, un par de ballenas... El padre y a madre de Gildrix tenían un 50% de animal, pero aún hoy no se pudo identificar el ADN.
Quienes lo han llamado para alcanzar la Gracia, dicen que lo primero que hace es besarte las orejas y así quitar toda la contaminación. Después te sienta en la mesa y te sirve manzana, banana, naranja, un vaso de leche, torta de chocolate una copa de Drambuie y siempre desde las 22 hs. hasta las siete de la mañana y nunca falta el altar pequeño pero inmensamente bello con un fuego y un hielo acercándose y alejándose, dejando que se pueda oír el ritmo del corazón de todo lo vivo, un superritmo... un ritmo padre. Y encienden una vela roja con un fósforo azul, una vela verde con uno amarillo, una blanca con uno negro, una violeta con uno turquesa, una lila con uno naranja y después las paredes se hacen agua, se hacen puente hacia...
Litus Era

Columna de Silvio Rouco

THE NEW 52: FLECHA VERDE


GREEN ARROW Y SPEEDY EN EL ARROWCAR

Green Arrow ( Flecha Verde ) fue concebido como una cuasi copia del Hombre Murciélago. Aparte de ser un playboy millonario ( de nombre Oliver Queen ), tenía un sidekick o compañero ( Speedy ), un Flecha-Móvil, una Flecha-Cueva, un Flecha-Plano…Para ser un personaje creado en 1941, su universo no parecia muy rico o interesante como para sobrevivir hasta hoy. Pero hubo grandes autores que se cruzaron en el camino del arquero esmeralda como para darle SU personalidad, una que compró el corazón de muchos lectores y que no sólo lo hizo quién es hoy en el universo superheroico DC sino en el mundo del comic como punto de interés en espera de las historias que merece un personaje ( dicho en todo el sentido de la palabra ) como el gran “Ollie”.


GREEN LANTERN GREEN ARROW
DC COMICS

Obviamente, Flecha Verde es una derivación de Robin Hood. Si uno revisa la info que tira Wickypedia se agrega que otra inspiración para el personaje fue Abbie Hoffman (¿¿?¿?), lo cual cuando se lee lo que esta página dice sobre esta persona real le da cierto sentido. Hoffman era un activista social aguerrido y atrevido, algo muy cercano a la segunda encarnación psicológica del personaje de Arrow. Queen pierde toda su fortuna y eso le agrega cierta amargura, cierto enojo contra el sistema pero lo utiliza positivamente en su identidad superheroica a favor de los desposeídos y necesitados. Su carácter cobra una temperatura que lo vuelve bastante cabrón a la hora de defender lo que cree justo y que lo oiga quien tenga que oirlo, Superman, Batman, y que pase el que sigue. A su vez, es un tipo muy consciente de su humanidad limitada, de los errores que es capaz de cometer, que no es un genio superlativo en nada de su vida salvo cuando tiene un arco y una flecha en sus manos y un objetivo entre los ojos. Siempre se ha dicho que Batman gana mucha adhesión entre la gente al ser un ser humano sin habilidades suprahumanas como nosotros. Ollie también es así nada más que es un tipo que se puede equivocar, no es un detective incapaz de ser engañado, que prevee todo movimiento posible en un crimen o de un adversario…sólo es un tipo diestro con el arco y honesto de corazón que busca con su intervención hacer la diferencia. ¿ Se habrá tenido en cuenta todo esto a la hora de abordar a Green Arrow en THE NEW 52?

GREEN ARROW 1 – 6 : Algo fundamental a la hora de leer este comic es el papel secundario de Green Arrow en la serie de TV, SMALLVILLE, donde se lo aborda como un millonario y su imagen superheroica es reformulada al punto de sacarle su ya mitica barba “robinhoodesca”, que le da un toque personalísimo en la historieta pero que en televisión se lo toma como prescindible y que no se llega a extrañar, dada la popularidad del personaje y su continuidad hasta el fin del show.


GREEN ARROW 3,
DC COMICS

Los “cráneos” de DC siguiendo con su plan de captar lectores de afuera del mundo comiquero, adaptan al arquero a esta imagen mediática, dejándole una sombra de barba por las dudas, como mostrando en que dirección evolucionaría su diseño ( si llegara a haber demasiados protestas en descontento por el cambio de look ), y continuando la idea del millonario justiciero. J T Krul venía escribiendo la serie de antes de este lanzamiento y retoma al personaje ahora. La verdad no había hecho gran cosa antes con Ollie…no se entiende en que se basa que le vuelvan a dar la serie. Desde el vamos, las escenas de acción pueblan las páginas dibujadas por Dan Jurgens ( que también aportará su creatividad en la parte argumental ) y entintadas por…¡ George Perez ¡ en los primeros cinco números. La gráfica es correcta pero no hace saltar la térmica en ningún momento. Lo mismo sucede con el guión, que nos presenta lo que serìa el elenco de secundarios: un Gerente General ( nombrado por el padre de Oliver ) de las Industrias Queen que vive levantando en peso a Oliver debido a los faltazos que se pega el rubio a cuanta reunión empresarial haya y a la poca bola que le da a los negocios. Claro, no sabe que él es ¡Flecha Verde! Los únicos que lo saben son un flaco que se encarga de armarle las flechas trucadas y una chica que le da apoyo informático, quienes por ahora no se sabe como llegaron a estar a su lado.


GREEN ARROW 5,
DC COMICS

De movida Arrow se traba contra tipos metahumanos y se destapa el ataque de una suerte de grupo de metavillanos contra el arquero que tiene como finalidad un gran negocio con Internet de por medio, que tiene cierto mensaje interesante en base a la violencia y los reales medios para propagarla pero que pierde contundencia cuando lo ponen a Oliver a discursar cuando lo conocemos como hombre de pocas palabras y mucha actitud. A partir de este punto, Krul deja el puesto para Keith Giffen, quien sigue la colaboración con Jurgens en una historia que mezcla a Queen con una poderosa morena de armas tomar y su enamorado bestial y deforme tratando de llegar a una parábola sobre el amor y sus límites pero fallando en el intento. Si bien se evito contar el origen del arquero y nos metieron de lleno en las aventuras de un superhéroe ya instalado, la historia no gana en ritmo, en punch. Todo parece llegar a rasguñar el objetivo pero se queda ahí. No conmueve, desafía la capacidad de atención y no logra simpatizar del todo con uno. Sería muy preocupante el destino de nuestro héroe sino fuera por la noticia bomba que se dio a conocer recientemente. Ann Nocenti se va a hacer cargo de los guiones del señor Queen. ¡¡¡Yeah!!! La gran guionista de una etapa enorme de Daredevil, donde hay muchisimos apuntes sobre la justicia social, viene a corregir la dirección fallida en la que habían lanzado al querido Arrow. Si tiene el propósito de hacer un trabajo similar en esta serie nos esperan grandes momentos con el arquero esmeralda al frente. Pero para eso hay que esperar el próximo número, a la misma Flecha-hora por el mismo Flecha-canal. 

                                                                     Silvio Rouco